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Y LAS NOTAS VOLARON COMO PAJAROS NEGROS

Enviado por: admin en 23 Feb, 2010 - 01:42

Por Ester Stekelberg
stekelberg@gmail.com

Nunca había escuchado la palabra “melodista”. Hasta el viernes, cuando tuvimos la noticia de la muerte de Ariel Ramírez. Tampoco nunca supe que Ariel Ramírez hubiera sido melodista, no, siempre fue un gran compositor de música folklórica, un pianista para muchos excelente y para otros un poco menos.








Nunca había escuchado la palabra “melodista”. Hasta el viernes, cuando tuvimos la noticia de la muerte de Ariel Ramírez. Tampoco nunca supe que Ariel Ramírez hubiera sido melodista, no, siempre fue un gran compositor de música folklórica, un pianista para muchos excelente y para otros un poco menos.

A propósito de esta cuestión, abro un paréntesis para una anécdota chiquita que me contó el investigador Emilio Portorrico. Parece ser que el Cuchi Leguizamón contaba que cuando Ariel Ramírez puso en venta su piano, el anuncio decía: “Vendo piano gastado en los extremos”.

Pero no, Ariel Ramírez fue un melodista.

Busco en el diccionario de la Real Academia Española y leo: “Persona que sin especial conocimiento técnico compone melodías musicales, por lo general breves y sencillas”. No pareciera ser el caso de este Ariel Ramírez, el de Alfonsina y el Mar, el de El Paraná en una zamba y mucho menos el de Volveré siempre a San Juan, no, no parece. Me pregunto porqué los escritores o los decidores de obituarios son en general tan rebuscados.

Ricardo Torres, un profundo conocedor y estudioso de la música folklórica me explica que un melodista es aquel que compone melodías muy reconocibles, esas que uno termina silbando por la calle. Nada más gráfico que esa explicación. Para Ricardo el melodista por excelencia es Carlos Gardel y me silba por teléfono Volver. Una explicación impecable. Y aunque Gardel no es de mis preferidos, el ejemplo es clarísimo y me permite comprender el concepto.

Ariel Ramírez fue seguramente uno de los músicos más importantes que tuvo nuestro folklore. Sus composiciones son conocidas en todo el mundo. También robadas. Como La Peregrinación que un tal Gilles Dreu, francés él, se apropió allá por los 70, la tradujo con el título banal de Alouette (Alondra), que como se verá, no tiene absolutamente nada que ver con “A la huella a la huella, José y María…” y lo inscribió como propio, con una letra que tampoco tenía nada que ver con ese bellísimo corte de la Misa Criolla. El descarado.

En ese entonces cuenta Mariana Ramírez, hija del músico, que alguien lo puso al tanto del robo audaz, que don Ariel dio batalla legal y que ganó los derechos de autor. En la nota que publicara anteayer Karina Micheletto en el Página 12, escribe que fue esa historia la que lo empujó a dedicarse a la dirigencia autoral, que ejerció durante décadas en SADAIC, la Sociedad Argentina de Autores y Compositores. “Desde 1970 hasta 2005, ocupó los cargos de presidente de la Sociedad y de miembro del directorio, alternativamente”.

A propósito de esa faceta de su vida, sigue contando Ricardo Torres que hace unos 10 años recuerda haber recibido la información que los empleados de la Asociación realizarían una manifestación frente al edificio para protestar por las condiciones de trabajo y los salarios. Y que cuando se acercó para ver lo que estaba ocurriendo, se encontró con todos los empleados cantando: “Ariel Ramírez vos sos un rabanito colorado por fuera y por dentro bien blanquito”.

Hace unos días, dos meses más o menos, antes de irme para allá, para la Argentina, mi amiga de estos pagos, Agnès, vino con una consulta técnica, esta apasionada de la música latinoamericana. La pregunta era si yo había visto la película de Leopoldo Torre Nilsson, “Guemes, el pueblo en armas”. Si, sabia de su existencia pero no la había visto. Es de esas películas que por ahí uno no ha visto, de puro prejuiciosa, cierto, aun sabiendo que la dirección es de Torres Nilsson, la principal interpretación, o sea Guemes, es del enorme Alfredo Alcon, que en el rol de Juana Azurduy actuaba Mercedes Sosa, rarísimo, una perlita negra y que la música era de Ariel Ramírez. En youtube una partecita de la película recuerda la actuación de Mercedes Sosa, jovencita y vestida de gaucha.

Cuando llegué a Rosario me puse a buscar la peli en los lugares donde uno más o menos sabe que puede encontrar estas raras Avis. Y efectivamente la encontré, después de que la vendedora rascándose la cabeza, me dijera, que no tenia idea que en su negocio estuviera este título. Es más, no sabía de la existencia de esa película. Los amantes del cine nacional, agradecidos.
Ariel Ramírez escribió la música de esa película y de muchas otras, El Santo de la Espada, Los inundados, de Fernando Birri, con escenografía de Saulo Benavente, El último montonero, basado en un cuento de Félix Luna, con dirección de Catrano Catrani y nuevamente la escenografía de Saulo Benavente, Martín Fierro de Torre Nilsson, El Santo de la Espada, del mismo director, La Revolución de Raúl de la Torre, Esta es mi Argentina, del año 74 y El Muerto de Héctor Olivera. Y actuó en algunas otras como Mire que es lindo mi país, del 81, El canto cuenta su historia, del año 76, algunas Argentinísimas y la primera, la que se estrenó un 30 de setiembre de 1965, aquella Cosquín, amor y folklore.

Ariel Ramírez fue el pionero de las obras integrales en el folklore y el primero también en incorporar instrumentos no tradicionales, como el órgano. Fue en el trabajo conceptual Mujeres Argentinas, junto con Félix Luna y Mercedes Sosa, donde invita al virtuoso Héctor Zeoli, gran concertista de órgano rosarino, a participar. También va a incorporar el clave, en una poderosa comunión de órgano, clave y percusión.

Ando buscando cosas para contar de Ariel Ramírez y buscando me sorprendo con las actividades que en varios países, tienen que ver con la obra de este creador entre enero y febrero: en Brasil, La Camerata Brasileira de Florianópolis recreará temas de entre otros Hermeto Pascoal y Ariel Ramírez y Félix Luna; en México la orquesta sinfónica de Xalapa, en Veracruz que ya ha grabado La Misa Criolla; en Milán, Italia, se ha interpretado también la Misa Criolla a principios de febrero. Sorprendente.

El creador del Diccionario y del Anuario Biográfico de la Música Argentina de Raíz Folklórica, Emilio Portorrico, cuenta que seguramente Ariel Ramírez y el historiador Félix Luna se encontraron a través de su coincidencia política, ambos de orígenes radicales, desembocaron en el MID y seguramente entre los primeros trabajos que realizó esta importantísima dupla, compusieron temas proselitistas por encargo del mismísimo don Arturo Frondizi.

Pero es todo tan extraño, mientras releo esta contratapa y pienso en la sensación que tuve hace algunos meses cuando en un mercado de pulgas en Ginebra, el long play, si si, el long play de la Misa Criolla se mostraba un poco destartalado, pero casi desafiando a todos los CD’s del estante, me avisan de otra muerte, de alguien muy querido, entrañable, otro Maestro, de esos que en este caso sí, hemos tenido la suerte de conocer, don Eduardo Hernán Gómez, uno de los fundadores de Los Trovadores y director y arreglador musical del grupo vocal más importante de los últimos 50 años.

Este hombre un poco parco, con un cierto perfil bajo, nacido en Buenos Aires allá por el 31, murió mientras dormía, en la noche del viernes al sábado en Concordia, ciudad en donde residía desde hacía ya algunos años. Músico, director, arreglador, compositor. Estudió entre muchas otras especialidades, dirección coral con Cristián Hernández Larguía e integró el Coro Estable de Rosario.

Fue una pieza fundamental en el surgimiento y éxito de Los Trovadores del Norte -luego Los Trovadores. Dirigió cuanto coro se le cruzara, con una pasión y dedicación emocionantes. En 1982 creó el conjunto Melipal, junto con Carlos Pino y el grupo de cámara Vocal Sur. Hizo arreglos para el grupo rosarino Madrigal, dirigió el coro de la Escuela Municipal de Música de Rosario y el Tahil Mapu (“canto de la tierra”) de Concordia. En 1996 con algunos ex compañeros y nuevos integrantes formó Los Originales Trovadores. Musicalizó a poetas enormes como Jaime Dávalos, Armando Tejada Gómez, Héctor Negro, Nicolás Guillen, Raúl González Tuñón, José Pedroni y sobre todo fue un hombre comprometido ideológicamente, siguiendo siempre un camino del que nunca se apartó.

Y pienso en la suerte, gran suerte que tuve de poder compartir con este gran tipo, el homenaje que se le hiciera a los Trovas en noviembre de 2008 en Rosario en el Bernardino Rivadavia. Si, tuve suerte de conocerlo, tuve suerte de escucharlo, de haberle hecho algunas entrevistas. También de haber brindado por algo, no sé porqué, tal vez por la vida.

Nota: "Contratapa", columna de opinión emitida el domingo 21 de febrero de 2010, en el programa Hipótesis, LT8 Radio Rosario, Argentina.
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